Las rocas que forman la Tierra tienen memoria de la dirección del campo magnético, como si fueran cintas de grabación de música en las que puedes incluir tus temas favoritos.

Esto se debe a que pequeños diminutos cristales, como por ejemplo los de magnetita que son producidos por bacterias, se alinean en forma de pequeñas agujas de una brújula, para quedar después atrapados en forma de sedimentos en el momento de solidificación de la roca.

De esta forma, dicho magnetismo fósil ofrece pruebas evidentes para los científicos a la hora de rastrear dónde se desvía el eje de giro de la Tierra en relación con la corteza terrestre.

Aunque esto no ha sido hasta ahora, momento en el que un equipo dirigido por el Earth-Life Science Institute (ELSI) ha demostrado en Nature Communications que en el pasado ocurrió un vuelco planetario, dando lugar a un verdadero desplazamiento polar. 

La Tierra se vuelca de vez en cuando, incluso en relación al eje de rotación

Para saber de primera mano por qué la Tierra se vuelca, es necesario explicar cuáles son sus capas. El globo terráqueo tiene diferentes estratos: un núcleo interno de metal sólido, otro externo de metal líquido, un manto sólido y la corteza terrestre de la superficie.

Como el núcleo externo es líquido, el manto y la corteza pueden deslizarse sobre este, como si volcaras agua sobre una canica. En este sentido, debido a los patrones de convección del núcleo externo, los patrones generales del campo magnético de la Tierra son predecibles.

De esta forma, se puede conocer la dirección de los polos geográficos norte y sur, así como la inclinación de la distancia desde los polos. En este punto, aparecen las ya citadas magnetitas, cuya memoria fósil resulta imprescindible.

«Imagina mirar la Tierra desde el espacio«, explica en un comunicado Joe Kirschvink, autor principal del Instituto de Tecnología de Tokio (Japón). «El verdadero desplazamiento polar se vería como si la Tierra se inclinara de lado, y lo que en realidad está sucediendo es que toda la capa rocosa del planeta (el manto y la corteza sólidos) gira alrededor del líquido«. 

Gracias a satélites, los geofísicos pueden medir todos los desplazamientos polares, aunque la tarea se complica si se echa una vista al pasado, concretamente al Cretácico Superior, hace unos 84 millones de años.

Para comprobar si hubo una gran deriva polar en este tiempo, los investigadores analizaron unas rocas en los Apeninos (Italia) para resolver la encrucijada, ya que pensaron que las calizas creadas entre 145,4 y 65,5 millones de años ubicadas en el país ofrecerían pruebas.

«Estas rocas sedimentarias italianas resultan ser especiales y muy confiables porque los minerales magnéticos son en realidad fósiles de bacterias que formaron cadenas del mineral magnetita«, asegura Sarah Slotznick, coautora y geobióloga de Darmouth College (Estados Unidos).

Dichos minerales, por cierto, fueron los que ayudaron hace 50 años a determinar indirectamente que el impacto de un asteroide fue el causante de la extinción de los dinosaurios. Casi nada.

Como resultado del análisis de las rocas, el equipo concluyó que el planeta se inclinó aproximadamente 12º hace 84 millones de años, aunque la Tierra parece haberse corregido de manera independiente, ya que en 5 millones de años ha vuelto en la dirección opuesta 25º.

En resumen, queda más que demostrado que la Tierra es una especie de yo-yo y que, a lo largo del tiempo, inclina su eje de rotación. Todo ello gracias al recuerdo de unas rocas italianas.

Este artículo fue publicado en Business Insider España por Abraham Andreu.